COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS

Revisando la arquitectura tradicional

Quienes auguraron que este final de siglo iba a suponer un revival de tendencias pasadas no se equivocaron, y así lo hemos visto en todos los campos culturales, ya sea en moda, cine, pintura, y por supuesto en arquitectura. En este último campo ha renacido el tradicional caserío, tan olvidado y menospreciado en el siglo pasado, donde las tendencias barrocas dejaron de lado a la cultura del pueblo, considerándola inferior y de escaso valor estético. Por suerte hemos vuelto la vista atrás, rescatando del olvido y la ruina edificios de alto valor arquitectónico mediante un depurado programa de rehabilitación de los cascos históricos, salvando ese vacío que podía haber enterrado nuestro pasado para siempre.

Pero una cosa es el encanto de estos núcleos, construidos de una manera sencilla y un tanto ingenua en el devenir lento y constante de las necesidades populares, y otra las nuevas urbanizaciones, que nada tienen de ingenuas ni debidas al azar, y es aquí donde se nos plantea el grave dilema de cómo continuar con este crecimiento. Son muchos los que abogan, desde los sectores más tradicionales e inmovilistas de nuestra sociedad, por repetir los mismos modelos de siempre una y otra vez, en un mimetismo aburrido y falto de carácter, sin consideraciones al cambio radical que ha experimentado la sociedad, como si nuestra época no tuviera derecho a plasmar su huella en el entorno, aplicándose así la ley del péndulo que en este caso oscila del olvido al pasado, a ignorar el presente y el futuro.
La arquitectura, como toda actividad humana, no puede estancarse indefinidamente en las mismas formas. Son muchas las tentativas por encontrar una evolución dentro de un modelo tan cerrado y tan poco dado a los cambios. Queremos destacar dos intervenciones que marcan dos tendencias completamente distintas dentro de esta posible evolución, pero no por ello menos interesantes.
La vivienda Imanolena en Motrico, de Peña Ganchegui, partiendo de una estética aparentemente tradicional aporta una serie de elementos totalmente ajenos al modelo, destacando un amplio patio central cubierto por un gran lucernario sobre la cubierta a cuatro aguas. No es un cambio gratuito, porque además de enriquecer el diseño interior, garantiza la entrada de luz y sol a la sala de estar, orientada al norte, al ser ésta la dirección de las vistas sobre la costa Cantábrica, tal como sucede en los pueblos al sur de Vitoria, donde las vistas hacia la ciudad se encuentran a norte y el buen asoleo mira sin embargo a los montes. ¿Cómo resolver este dilema entre la orientación y las vistas, sin alterar la envolvente tradicional?.

Otra intervención más reciente es la casa Tunstall en Gardélegui, de los arquitectos Ercilla y Campo. En ella, la volumetría externa se ciñe estrictamente al tradicional prisma rectangular con cubierta a dos aguas, pero la interpretación es totalmente nueva. Los muros exteriores están tratados con total limpieza y nitidez de líneas, los muros laterales se alzan a nivel de la cubierta eliminando el alero y pasando ésta a un plano interior, sin perder por ello su protagonismo, al marcar un punto de inflexión dentro de la ausencia de color y texturas del resto del edificio. Hasta el tratamiento del zócalo está reinventado aquí, pasando de ser un elemento típicamente basamental a constituir la piel que envuelve la planta baja. Dentro del edificio, la libertad de formas que le son vetadas al exterior se manifiesta a través de retranqueos que permiten la aparición de porches y de amplias cristaleras, propiciando esa tendencia que ha buscado siempre la arquitectura moderna de introducir el paisaje en el interior del edificio y a su vez integrar a éste en el paisaje. Aunque muchos no han querido ver la importancia vital de esta interrelación en los edificios modernos, es indispensable en todo proyecto, el estudio de las particularidades de un solar en busca de esa idónea ubicación, que permita sacar el máximo partido a las preexistencias.

Son dos ejemplos de cómo se puede conjugar una solución tradicional con la aplicación de criterios modernos, imponiéndose unas veces más y otras menos, el viejo estilo al nuevo, pero logrando en esta relación introducir la arquitectura moderna en un medio que le ha sido hostil. Por otro lado, revitalizar y dar una solución de continuidad al estilo tradicional, demostrando así que no está obsoleto y que puede ser una referencia importante y llena de posibilidades para la creación arquitectónica en los albores de este nuevo siglo.

La arquitectura, como toda actividad humana, no puede estancarse indefinidamente en las mismas formas
Dos ejemplos de cómo se puede conjugar una solución tradicional con la aplicación de criterios modernos


Casa Imanolena,, en Motrico, 1965, una plataforma porticada ante el paisaje


Casa Tunstall en Gardélegui, 1997, contundencia formal y carácter unitario

Cerrar esta ventana