COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS

La intervención en los cascos históricos

La especial sensibilización de la sociedad con los cascos antiguos, en un tiempo considerados como im-pedimentos para la expansión y comunicación interior de las ciudades, y hoy en día cunas del pa-trimonio cultural de las mismas, se presta a un intenso debate a la hora de afrontar las diversas intervenciones que se realizan en ellos. Para tratar este tema el mes pasado tuvo lugar en Vitoria un foro sobre conservación de cascos históricos, organizado por la sociedad Arabarri, creada por la Diputación para la gestión del patrimonio histórico de Álava.

Revisando la historia reciente de las intervenciones en los cascos antiguos, se aprecia que la falta de protección de los mismos permitió la demolición de edificios que hoy estarían protegidos, y su sustitución por otros cuyo di-seño ha mostrado poca sensibilidad hacia un entorno que debiera haber sido determinante. Esto ha llevado a que erróneamente haya quien ha asociado la arquitectura moderna con un desprecio absoluto por lo antiguo, inclinándose la balanza hacia un tipo de arquitectura mimética que trata de copiar a las edificaciones ve-cinas, convirtiendo estas intervenciones en falsificaciones tan inapropiadas e insensibles con el entorno como las anteriores.

Es importante tener en cuenta la doble faceta de los cascos antiguos. Por un lado se ha de conser-var y respetar su particular edificación y trazado; por otro no se puede obviar que son partes vivas de la ciudad y que por tanto han de estar adaptadas a los usos y ne-cesidades actuales, aspecto que viene contemplado en el término ërehabilitar, que consiste en volver a hacer hábiles los elementos del pasado y no limitarse a un la-vado de imagen.

Distintas soluciones

En nuestra ciudad han desaparecido edificios medievales como la casa de Los Cubos, situada junto a la casa del Cordón, y en extramuros los dos conventos que tenía la ciudad: el de Santo Domingo, en ruinas, y el de San Francisco, costoso de rehabilitar y que ocupaba un céntrico solar sobre el que hoy se encuentra la Subdelegación del Gobierno central. Fuera del casco antiguo también desaparecieron casas, como una de Da-to, con sus torretas cilíndricas coronadas por dos cúpulas, una sobre Manuel Iradier y la otra so-bre la plaza de la Estación.

Otras demoliciones se hicieron en su momento necesarias. La prolongación de la calle General Á-lava supuso el derribo, entre o-tras, de la casa Ortiz de Zuñiga, una curiosa edificación de dos plantas en la esquina de Indepen-dencia que no encajaba en el nuevo orden urbanístico.

Por contra, contamos con buenos ejemplos de recuperación de edificios en los que se ha conservado la esencia del proyecto y además se han realizado las reformas necesarias para devolverles la utilidad, con intervenciones de reconocido valor estético que no tratan de imitar nada y cuyos trazos son evidentemente modernos. En-tre los más recientes destacan la rehabilitación del Palacio de Montehermoso, donde se cubrió el cla-ustro y se reestructuró el interior.

La rehabilitación de mayor im-pacto visual es la realizada en el Palacio de Bendaña, donde las distintas ampliaciones a lo largo de los siglos han ido dejando su huella, siendo la última la destinada a reutilizar el patio cerrándolo con una solución de cubierta y fa-chada de aluminio y cristal. La intervención mantiene un equilibrio dialogado entre lo nuevo y lo viejo, lo transparente y lo opaco, la ligereza y el peso. Supone la comprensión y el respeto al pasado, pero sin renunciar al presente y al futuro, sobre todo teniendo en cuenta que el último siglo ha supuesto la mayor explosión de tendencias artísticas de la historia. Junto a este palacio se va a construir próximamente el nuevo Museo de Arqueología, edificio de nueva planta que con el an-terior se convertirá en un punto de referencia importante dentro del trazado del Casco Medieval.

Hay una frase del siglo XVII mencionada por Arabarri que di-ce: «No sigas las huellas de los an-tiguos, busca lo que ellos buscaron» y que podría servir de reflexión a la hora de plantearse fu- turas intervenciones en los cascos antiguos, huyendo de enmascaramientos y de soluciones muy conservacionistas por las que abogan algunos sectores que no conceden a la cultura de nuestro tiempo su justo lugar en la historia.

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