
COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS
PLAZA de Desierto, de Eduardo Arroyo, en Barakaldo. / HISAO SUZUKI
El concepto de espacio público urbano como algo proyectado de una sola vez es relativamente reciente en la historia del urbanismo. En las plazas históricas se producía una acumulación de elementos a lo largo del tiempo, que hacía que el lugar fuera poco a poco mudando su carácter y uso. Hoy las plazas se materializan de una sola vez en base a un proyecto completo y éste se construye en un breve espacio de tiempo. Además, se ha producido una ampliación en el concepto de espacio público; ya no sólo se limita a una plaza definida perimetralmente por una serie de edificios, sino que abarca también a otro tipo de espacios más ambiguos, sin contornos inmediatos o emplazados entre dos alineaciones edificadas, como pueden ser las calles peatonales. Lo que los caracteriza no es ya su forma, sino su voluntad de constituirse en lugares de reunión y reposo dentro de la intensa actividad de las ciudades.
A ello se debe la aparición del diseño urbano como una nueva disciplina dentro del proyecto de ciudad, "disciplina proyectual que debe acometer el diseño específico de cada espacio urbano y de sus elementos", en palabras de Oriol Bohigas, arquitecto que ha intervenido en varios recientes proyectos urbanos de Barcelona, a partir del diseño de una serie de espacios públicos. Ya es sabido lo que ha significado el ejemplo de Barcelona para el urbanismo de las últimas décadas, siendo muchas otras las ciudades que han querido estudiar y asimilar sus experiencias.
El diseño de los elementos urbanos no difiere en nada de otros métodos de diseño en los que la teoría enseña que han de cumplir los mismos requisitos fundamentales: han de ser funcionales, conjugando el confort y la durabilidad con una correcta ubicación surgida de un estudio del emplazamiento que produzca orden y claridad; y han de ser emotivos, que comuniquen sensaciones al individuo, y por tanto se ha de conseguir la integración entre el valor artístico y el valor de uso de todos los objetos que participan de la vida cotidiana de la ciudad.
Algunos elementos urbanos han llegado a identificar a la ciudad: las cabinas telefónicas en Londres, las bocas de metro en París, siendo la obra más popular de Garnier, o las de Norman Foster en el metro de Bilbao, que curiosamente, pese a su apariencia de alta tecnología, están basadas en la idea de la caverna como lugar que inspira seguridad y que identifica al usuario con la sección del túnel.
Sensibilidad local
Nuestra ciudad no se queda al margen de esta corriente de sensibilización hacia los espacios públicos. Aún persisten espacios y calles con un pavimento y un mobiliario visiblemente deteriorados, además de un diseño claramente pretérito y en heterogénea mezcla de elementos que no combinan entre sí (bancos, farolas, papeleras, etcétera), destacando por su incidencia visual algunos caducos quioscos de prensa y marquesinas de autobús a los que ha castigado el paso del tiempo. Sin embargo, el proceso de personalización de espacios públicos ya se está produciendo y con buenos resultados; junto con la aparición de espacios nuevos en zonas de reciente urbanización, se están remodelando zonas del centro con intervenciones de gran calidad. Destaca la utilización de nuevos elementos de mobiliario urbano, y de nuevos materiales, como el hormigón impreso, que unido a la eliminación de los bordillos consigue crear la sensación de calles peatonales, aunque continúe el tráfico rodado. Esta unificación de niveles entre el peatón y el coche la encontramos en la Gran Vía bilbaína, donde el carácter comercial de la calle se ha impuesto a su condición de vía clave de circulación. Sin embargo, allí se ha obviado la importancia de personalizar el pavimento para esta zona del Ensanche, usando los mismos materiales y despieces que en algunas calles del Casco Viejo, en donde sí tienen sentido. En la medida de lo posible se ha de evitar la tendencia de repetir indefinidamente un determinado elemento de mobiliario, ya que produce una uniformidad aburrida.
Si algo caracteriza las calles de nuestra ciudad es la presencia en muchas de ellas de esculturas de artistas vascos y foráneos, accesibles para el peatón que las encuentra a su paso, y que las identifica con el espacio que ocupan. Dada la amplitud y variedad de espacios públicos,Vitoria-Gasteiz cuenta con un vasto campo de acción donde poder desarrollar las nuevas tendencias de diseño urbano que buscan hacer de las ciudades un lugar más agradable para el ciudadano.