
COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS

Diseños para el personaje Papageno , de la ópera La flauta mágica , de Mozart
Queda menos de un mes para conocer las líneas maestras del futuro Palacio de la Música y de las Artes Escénicas, una vez presentados los diseños de los suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, el sevillano Guillermo Vázquez Consuegra y el cántabro Juan Navarro Baldeweg, los tres equipos invitados al concurso restringido convocado por el Ayuntamiento para redactar el proyecto del emblemático edificio. Es un buen momento para reflexionar sobre el programa propuesto por el Consistorio para el edificio y sobre el enfoque que debería darse a su uso posterior.
¿Qué equipamiento cultural se desea para la ciudad? No es lo mismo un auditorio que un teatro lírico. Un auditorio es una gran sala donde lo fundamental es el acondicionamiento acústico, mientras que la vocación de un teatro lírico sería, principalmente, la representación de espectáculos de gran nivel operístico.
La complejidad del diseño de un auditorio, aparte de la imagen más o menos emblemática que se desee para el mismo, reside en la obtención del correcto acondicionamiento y posterior afinamiento acústico de la sala de conciertos. Se trata de ejecutar un violín, pero no un violín cualquiera, un stradivarius. La programación de conciertos vendría de la mano de las orquestas sinfónicas de un entorno próximo, de las foráneas con las que se establecieran colaboraciones y de las grandes orquestas en gira.
Sin embargo, en un teatro lírico puro, el edificio, el programa y el presupuesto se disparan exponencialmente. La adecuación para auditorio sería posible, sin más que dotar al escenario de una caja acústica para representaciones de música sinfónica. La representación de una ópera precisa, sin embargo, de una serie de espacios específicos y de una maquinaria escénica singular, con un diseño, dimensionamiento y mantenimiento posterior preciso y especializado.
Para hacerse una idea de los espacios requeridos y de la maquinaria escénica, bastaría con tomar ejemplo de los estándares de los dos teatros líricos que determinan la temporada operística de este país. El Teatro Real de Madrid, con un presupuesto anual para ópera en torno a los 18.000.000 euros (unos 3.000 millones de pesetas), ocupa el primer lugar. El segundo corresponde al Teatro del Liceo de Barcelona. El tercero y cuarto serían la Maestranza de Sevilla y el Euskalduna de Bilbao, este último con un presupuesto en ópera aproximado de 9.000.000 de euros (unos 1.500 millones de pesetas).
La especialización del edificio en un teatro lírico, como se puede deducir del programa propuesto por el Ayuntamiento, es por tanto, un arma de doble filo. A todos los amantes de la ópera les encantaría tener uno cuyo diseño, comodidad, visibilidad, exquisita acústica, dotación escénica , fuera el referente musical y arquitectónico de los existentes en este país.
Sin perder la cabeza
Ahora bien, el entusiasmo de este sueño no nos puede hacer perder la cabeza. Un coche de lujo no es un monovolumen familiar, ni consume como un diesel. Realizar un segundo aeropuerto podría llenarnos de frustración, sería cometer dos veces el mismo error. No perdamos de vista que el mismo Euskalduna se ha dotado de salas polivalentes que permiten usos alternativos a los de la sala principal.
Una vez elegido el equipo redactor del proyecto, queda una labor de seis meses para la redacción del proyecto básico del futuro Palacio de la Música. Es el momento ideal para que el Ayuntamiento, apoyado por distintos especialistas en equipamientos culturales singulares, incorpore o rechace sus sugerencias, dando de esta manera forma al programa y al diseño definitivo.