
COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS

Una vez que la polémica sobre la ubicación ha quedado olvidada y que se ha constatado el interés social por un Palacio de la Música y de las Artes Escénicas, nos enfrentamos a la adjudicación del proyecto constructivo.
El 21 de junio, por la tarde, estuvieron reunidos los cinco miembros del jurado, todos ellos arquitectos, acostumbrados a juzgar proyectos de arquitectura, bien dentro de su función académica, bien por haber participado habitualmente como árbitros en concursos diversos.
Se da por hecho que resolver, en una tarde, una competición de este nivel no es una tarea fácil. Cada miembro del jurado tenía, eso sí, desde algunas semanas antes, un cuaderno con la información presentada por cada uno de los tres equipos. Ese mismo día por la mañana, habían tenido lugar las exposiciones públicas. El primero en intervenir fue Harry Gugger, con algunos incisos de Jacques Herzog; luego Juan Navarro Baldeweg; y, para terminar, Guillermo Vázquez Consuegra. A esta sesión, que se celebró en el Artium, asistieron, además de los miembros del jurado, una representación de políticos, personalidades, profesionales y técnicos relacionados con la arquitectura y la música de nuestra ciudad con la música, más bien pocos porque coincidió el mismo día que el funeral de Carmelo Bernaola-. Sin embargo, la sociedad en su conjunto, los ciudadanos de Vitoria-Gasteiz, no han tenido todavía la oportunidad de conocer a fondo los tres proyectos presentados a concurso. Su única fuente de información ha sido los medios de comunicación.
Este edificio, que va a tener un coste de más de 34 millones de euros, que va a ser la obra civil más importante realizada en la ciudad en los ocho siglos de su existencia, que va a definir su imagen y que va a dejar su huella en el tejido urbano, exige tiempo de reflexión y maduración.
Por este motivo, el Colegio de Arquitectos manifiesta su deseo de que se realice una exposición pública con los trabajos presentados, -a los que se debería añadir el bagaje cultural y arquitectónico de los equipos que concursan. Propone dar a conocer, a fondo, las tres propuestas a todos los ciudadanos. La meditación y la reflexión deben situar al edificio en su debido punto, en lo que tiene que ser.
En otros lugares con el mismo grado de desarrollo y para equipamientos con este nivel de excelencia, el debate público y la aceptación por la mayoría social es un mecanismo, asumido políticamente, que asegura la implicación ciudadana en la elección final. Sólo la información y el conocimiento detallado permitirán reflexionar y afirmarse sobre la decisión más adecuada para la ciudad.
Necesario consenso
La envergadura de la aventura hace necesarias la información y la reflexión. Los grandes trabajos necesitan un fuerte consenso y llegar al consentimiento de la mayoría del cuerpo social empujará, en adelante, la idea y se convertirá en el motor de la obra. No tendrían que oírse voces disonantes y, por eso, el proyecto ganador debe ser asumido por todos como algo propio. El jurado ya ha realizado su aportación técnica y es el momento de darla a conocer. A la sociedad le corresponde informarse e implicarse. Es ahora cuando se necesita peatonalizar los términos y alejarse de conceptos arquitectónicos complicados. Los tres proyectos, explicados por sus autores de manera sencilla, pueden ser entendibles por el ciudadano, con la ayuda de maquetas, imágenes o recreaciones por ordenador.
No pretendemos, en absoluto, reconducir el fallo del jurado, pero lo que sí debe quedar claro es que este Palacio de la Música no es un edificio más. Sobre él va a recaer todo el peso que supone representar la imagen de la ciudad. Va a ser un edificio para ópera, para ballet, para conciertos, pero también símbolo arquitectónico, edificio emblemático, lugar de encuentro, catalizador cultural y reclamo publicitario. Va a condensar todos los rasgos que caracterizan a la ciudad; todo esto ya lo sabemos. Comisión de Cultura Colegio de Arquitectos de Álava.