
COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS

VISTA AÉREA de la zona de actuación para el plan de reforma del área de Tres Santos.
La historia llena de contenido a la mayoría de los espacios públicos tradicionales. Son lugares de encuentro marcados por su identidad y por las relaciones sociales que provocan. Responden a esta denominación muchas de las calles, las avenidas, las plazas y las rotondas de nuestras ciudades y pueblos.
Con la superación de la modernidad, se ha desarrollado el concepto contrario, el de la negación del lugar. El no-lugar como espacio sin identidad. A esta categoría pertenecen lugares sin conexiones históricas, de nueva y rápida creación y normalmente relacionados con la movilidad, como estaciones, aeropuertos, autopistas o centros comerciales
Actualmente, las ciudades tienden a convertirse en entidades menos definidas, en una especie de redes con nodos, donde cada individuo realiza su elección. El ciudadano construye la ciudad a su medida. Todos los días realiza recorridos parecidos y se olvida por completo de algunas zonas, que no ha visitado nunca, porque no están dentro de su itinerario. Cada vez más, una misma ciudad son varias ciudades a la vez y la visión subjetiva que cada uno tiene es la de una ciudad a la carta, que se compone con las imágenes de los lugares y no-lugares que recorre. Entre parada y parada no existe más que el espacio urbano indiferenciado y desapercibido, ya que los desplazamientos los realiza dentro de un estuche protegido con ruedas, calefacción, sistemas de seguridad y dentro de poco con conexiones multimedia y localizadores por satélite.
Por encima de no-lugares y lugares se encuentra el dominio público, al que le corresponde una categoría superior. Esta superioridad se la otorga la posibilidad de tener experiencias compartidas e intercambios personales donde caben el aprendizaje y la sorpresa.
En cambio, en no-lugares como los centros comerciales no hay sitio para la improvisación, ni para la actuación espontánea, porque todo está previsto y controlado por los horarios de apertura y las medidas de seguridad.
Libertad y fricción
En el dominio público se da justo lo contrario. Lo mejor es que le puede poner a uno en contacto con lo inesperado. El dominio público no es tanto un lugar, como una experiencia y esta experiencia es el resultado de la sutil tensión que existe entre libertad y fricción. No interesa la confrontación, pero sí el punto justo de roce que proporciona un tipo de placer parecido al que se tiene al atravesar un paisaje a gran velocidad. La vida diaria lleva adherida una gran dosis de rutina, pero al dominio público todavía le queda un cierto margen de improvisación y maniobra
El dominio público no se alcanza cambiando el mobiliario urbano, ni tampoco con la imitación del espacio urbano clásico. Con ello se realiza un gesto patético, que sólo consigue lo opuesto de lo que pretende. El dominio público no reside en la forma, ni en la configuración, ni en el diseño, sino en el intercambio de experiencias entre distintas esferas sociales.
En Vitoria-Gasteiz quedan distintas tareas para adaptar el espacio público y colocarlo a la medida del ciudadano. Primero se deben recuperar los no-lugares. El esfuerzo realizado en la zona de Tres Santos, entre Salburua, Arana y Santa Lucía merece especial reconocimiento. En el resto de los espacios públicos no es suficiente con un cambio de mobiliario. Si se añade diseño y se pierde ética, nunca se alcanzará la identidad que requiere el dominio público. Se debe intentar convertir el espacio público en dominio público, el lugar en experiencia. Comisión de Cultura Colegio de Arquitectos de Vitoria