
COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS
Hay una tradición de plaza mayor que viene dándose desde el siglo XVI. Normalmente, se trataba de un espacio dentro del casco medieval, que se ampliaba para obtener la nueva plaza, la mayoría de las veces con forma irregular.
La compacidad del tejido medieval de Vitoria, rodeando la colina de Gasteiz y la existencia del vasto espacio del mercado, con dos edificios de propiedad municipal, propició la construcción de la nueva plaza fuera del recinto amurallado.
La primera plaza mayor de nueva planta en España fue la de Valladolid, mandada construir por Felipe II y proyectada por Juan Herrera. Ésta y la de Vitoria se pueden definir como plazas programadas, pues responden a un proyecto concreto.
Si repasamos brevemente la historia de la plaza, nos tendríamos que remontar a la prehistoria, cuando, en diferentes asentamientos, surgía de forma espontánea un espacio dedicado al mercado. Hasta el primer milenio AC no se planifica la ciudad, aunque en diferentes civilizaciones anteriores surgen espacios públicos.
Pero son los griegos, con sus trazados de ciudades hipodámicas y sus stoas, los primeros que proyectan plazas con vocación urbana y edificios ordenados con tipologías en función del espacio público, pórticos para que se produzca la relación entre los ciudadanos. La stoa es el corazón de la ciudad. Después son los romanos con sus foros y, saltándonos el medioevo, llegaríamos a la plaza mayor española y la plaza real francesa.
Probablemente las tres plazas programadas más reconocidas en España son las de:
-Madrid, de estilo renacentista, con 297 x 271 x 293 x 289 pies (82,80 x 75,60 x 81,60 x 80,60 metros) de 1620.
-Salamanca, de estilo barroco, con 434 x 304 pies (121,50 x 85,12 metros) del año 1733.
-Vitoria, de estilo neoclásico, con 220 x 220 pies (cuadrado perfecto de 61,29 metros de lado) de 1791. Esta última medida viene dada por la dimensión mínima para celebrar corridas de toros. Un pie castellano equivale a 0,2786 metros.
Olaguíbel propone un elemento exento al casco medieval, que sería el foco de la nueva expansión de la ciudad. La plaza está presidida por el Ayuntamiento, pero sin ser un edificio autónomo, sino perfectamente integrado en el conjunto, recordando ejemplos neopaladianos ingleses como el de Greenwich.
El resultado del proyecto es sencillo y muy bien elaborado, y digo bien, esa aparente sencillez tiene detrás un análisis profundo, una intuición magistral a la hora de entender el problema y solucionarlo con un virtuosismo fuera de duda.
Olaguíbel une con naturalidad el casco medieval con el ensanche decimonónico, formando a la vez tres espacios maravillosos, que se superponen a la difícil topografía. No sólo diseña una plaza y dos edificios, sino que crea tres vacíos urbanos magníficos, transformando con ello la ciudad.
Cuando estudiaba arquitectura nos divertíamos clasificando las mejores plazas del mundo en un TOP-50, una especie de '40 principales' de espacios públicos. Las tres plazas de Olaguíbel estaban en la lista sin complejos, junto a la plaza de Los Vosgos de París, la Gran Plaza de Bruselas, la plaza Ducal de Lerma y tantas otras.