COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS

La desocupación del espacio urbano de Olaguíbel (VI)

En la arquitectura y en la escultura, en cuanto que artes, hay una serie de variables que son intemporales, la geometría, la materia, el espacio, el vacío, la euritmia, la proporción, la escala, el equilibrio, y el propio tiempo.

Para percibir una forma el hombre aprecia la materia y el espacio que la rodea, no existen la una sin el otro. Lo mismo sucede con el día y la noche; la luz y la oscuridad; el sonido y el silencio. Eso ha sido así desde que tenemos percepción, pero la sensibilidad estética es un grado más dentro de nuestro espíritu, que está relacionado con la capacidad humana de emocionarse.

En el Renacimiento, Miguel Ángel decía que la escultura está en la piedra y solamente tenemos que quitar la materia sobrante. En el Neoclásico, el lleno y el vacío son la euritmia de los edificios de Olaguíbel. Ya en el siglo XX, la preocupación por estas cuestiones en escultores como Oteiza y Chillida es notoria. Volviendo al pasado, la filosofía griega habla del estoicismo como la doctrina que aconseja obedecer a la razón y el intuicionismo como la doctrina que admite el conocimiento inmediato. En Olaguíbel conviven estas dos doctrinas a la hora de plantear su gran obra, y él apreció la solución perfecta instantáneamente y luego aplicó los cimientos de la razón para que el proyecto funcionara.

Tres vascos universales

La geometría para los griegos era la ciencia que estudiaba las propiedades, las relaciones y la medida del espacio ocupado. Gastón Blachelard, en la Poética del Espacio, habla de la intuición simple y profunda que sirve para comprender los volúmenes con la metáfora de la escalera del sótano que baja siempre (hacia el inconsciente) y la escalera del camarote que sube siempre (hacia los recuerdos).

Louis Kahn habla de los conceptos de masa y espacio. «La masa es el ensamblaje de materiales que deben mostrar la lógica estructural subyacente». El espacio encerrado en estas masas se carga de espiritualidad gracias al juego de la luz natural.

Albert Einstein decía que «el tiempo y el espacio son antítesis de la materia. La materia y el espacio son, valga la redundancia, la materia prima del escultor y del arquitecto. Olaguíbel, Oteiza y Chillida, además de ser tres vascos universales, tienen en común su dominio de la materia y espacio. La materia y el espacio no pueden ser el uno sin el otro: el vacío y el lleno se complementan.

El maestro Oteiza representa el total dominio del vacío como elemento escultórico. «La presencia de la ausencia». Hurta al sólido su materia para apoderarse del espacio del sólido. Sólo queda su perímetro como límite para definir el vacío. En la plaza de España, la sutil fachada de piedra hace de frontera de la verdaderamente importante, que es el verdadero vacío.

Para el pintor ruso Casimir Malevich (1878-1935), el cuadrado es la figura ideal para representar el espacio metafísico. Oteiza utiliza el cuboide como volumen abstracto. Olaguíbel utiliza el cuadrado perfecto como símbolo de la ciudad ideal, de la belleza absoluta.

A Jorge Oteiza le podemos relacionar con el suprematismo, con el constructivismo y con el racionalismo arquitectónico del movimiento Bauhaus (1919-1933). Lo que más importa es el espacio. «El sitio de la estatua queda definido por la desocupación, como un mueble vacío». En la Unidad Triple y Liviana (1950), se da mucha importancia al espacio entre las cosas. Comisión de Cultura Colegio de Arquitectos de Vitoria

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