
COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS

La reciente entrada en vigor del nuevo Código Técnico de la Edificación y su preocupación por las soluciones arquitectónicas capaces de aportar energía de forma pasiva ha puesto de moda el mirador vitoriano. Recordamos que capta el calor del sol, los muros lo almacenan, gracias a su inercia térmica, y lo trasmiten al interior de la vivienda.
Según una documentación de 1968 aportada por Apraiz, en aquella épocas se suscitó una polémica en torno a la posible autoría de las famosas galerías de La Coruña. Juan de Ciórroga (Vitoria 1836) fue arquitecto municipal de la ciudad gallega en 1864 y se le atribuye gran parte de ellas, pese a que hay quien asegura que ya estaban allí antes de que el alavés las exportara de Vitoria.
La polémica sobre el origen de las galerías coruñesas se trasladó a publicaciones y conferencias en las que participaron Camilo José Cela, Miguel Fisac, José Erbina, Modesto López Otero y Emilio de Apraiz. Hoy, cuarenta años después, está bien que abramos el debate.
El origen del mirador o la galería es anterior a la fundación de ambas ciudades. Se remonta al mundo antiguo. El balcón abierto procede de Mesopotamia y la Grecia Clásica. La galería y el balcón cerrado eran elementos utilizados en la arquitectura de la Roma Imperial y tuvieron una considerable divulgación en Europa a partir del siglo XIII.
Sin embargo, no es hasta seis siglos después, en la época de Juan de Ciórrroga, cuando surgen el mirador y la galería, tal y como los conocemos actualmente. Ya entonces, la tecnología permitía fabricar vidrios de mayor tamaño y estructuras de madera o hierro más industrializadas.
En nuestra ciudad hay documentación escrita que acredita la existencia de miradores desde 1852. En esa época, Vitoria-Gasteiz y La Coruña comenzaron a destacar por la profusión de esta arquitectura de cristal. La ciudad gallega destaca por sus galerías, aunque las que jalonan nuestra plaza de la Virgen Blanca no se quedan a la zaga en cuanto a belleza. Destaca la de estilo modernista de la fachada trasera oeste del Ayuntamiento. Sin duda alguna, Vitoria es la campeona del mirador blanco. Todo el Ensanche decimonónico está salpicado de unos elementos que le dan unidad y llaman la atención del visitante.
Señas de identidad
Los orígenes del mirador y la galería son diferentes, si bien comparten los principios constructivos: elementos en vuelo muy ligeros, adosados a la fachada de piedra, que son como una doble piel con múltiples funciones. En La Coruña, protegen de los vientos lluviosos marinos; en Vitoria, son colchones que nos protegen del frío y a la vez captan el sol del invierno. Además, en ambas ciudades son una excelente seña de identidad que nos hermana gracias, quizá, a aquel olvidado arquitecto vitoriano que en el siglo XIX se fue de funcionario a La Coruña.
Inmersos en un nuevo milenio, debemos rescatarlo. Pero no por una cuestión de romanticismo, sino porque constituye uno de los elementos arquitectónicos que, de forma pasiva, capta energía sin contaminar y desprender CO2 a la atmósfera. Comisión de Cultura Colegio de Arquitectos de Vitoria.