
COMISIÓN OLAGUÍBEL DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS
El crecimiento de la ciudad se produce en numerosas ocasiones con la invasión y la apropiación del medio natural. El suelo libre, desocupado de edificaciones y el suelo agrícola son los objetos más inmediatos de la urbanización.
Las necesidades de un transporte cada vez más rápido están exigiendo nuevas vías de alta velocidad y comunicaciones aceleradas. En pocas décadas, la saturación prevista del sistema por carretera obligará a la construcción de autopistas en exclusiva para el transporte pesado, separándolo de los automóviles.
Las infraestructuras que atraviesan el territorio, como las carreteras, las vías férreas, los gaseoductos, las líneas de alta tensión... son incisiones profundas que dividen el paisaje, se apartan de la lógica natural y se fundamentan en la línea recta y en la economía de la obra.
En este momento se habla más que nunca de las agresiones al paisaje. La rápida mutación que sufre el medio físico, la globalización y la pérdida de identidad nos obligan a encontrar soluciones a cuál es nuestra postura ante el mundo, a cómo queremos que sea nuestro entorno y, además, a conseguir todo esto sin comprometer nuestro futuro.
Legislación permisiva
Los movimientos sociales de contenido ecológico, que promueven la protección medioambiental, tienen cada vez más importancia. La respuesta política se ha producido lentamente, cediendo a la presión social y su resultado es una legislación medioambiental que abre la mano a esta fuerza imparable.
Por todo esto, debemos volver la mirada hacia los pensadores del paisaje, verdaderos jardineros naturales que, apartados de las viejas teorías y de las nostalgias románticas, pueden crear paisajes basados en nuevos conceptos, en el movimiento, la mutación y la mezcolanza. Paisajistas, que deberán adoptar una visión planetaria y utilizar nuevas herramientas y nuevos métodos, como la observación atenta de las relaciones entre especies que nunca antes estuvieron juntas.
Gilles Clément es uno de ellos. Ingeniero agrónomo, escritor, fotógrafo y profesor en la Escuela Superior de Paisaje de Versalles, reúne la cultura del investigador, con la curiosidad de los exploradores del siglo XVIII. Es autor de conceptos como jardín en movimiento, jardín planetario o piropaisajes, en los que el fuego y la destrucción del monte en un incendio han sido nuevos elementos que han entrado en juego.
El jardinero no puede actuar sobre todo el planeta, pero las consecuencias de su acción sí que pueden repercutir de una manera global.
Un colaborador próximo a Gilles Clément ha visitado nuestra ciudad recientemente para conocer los humedales de Salburúa y las actuaciones en el futuro Anillo Verde. Vitoria-Gasteiz no escapa a ninguno de los retos que se plantean a las ciudades contemporáneas.
La solución a estos problemas requiere trabajos pluridisciplinares, que aporten nuevos enfoques a la complejidad de las cuestiones que aparecen en el horizonte. Nuestro entorno no es inmutable y su transformación avanza a gran velocidad. Las formas de actuación del hombre sobre el territorio no deberían ser permanentes. El paisaje cambia con cada estación.